Otro sol

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Yo también quería jugar. Perderme en aquella calesita.
Pero había caído en mi sueño más temprano,
la otra soledad.


27 de octubre de 2008.
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Autenticidades III

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Me fui por las ramas hasta poder encontrarme.
Cuando ya no hay dolor en la memoria, el cuerpo se vuelve mano.
Su pelo se perdía en el viento como cielos al borde de la hoja.
Poema, dialecto de hojas secas sobreviviendo a la tarde.
Algunos instantes se quedaron conmigo toda la vida. Porque la eternidad no es más que un vicio, una luz que se enciende de a ratos.
Llueve y la ausencia empieza a crecer. Hay besos que lloran en los puertos olvidados del sur.
Lo que le queda al desierto es el aullido del viento sobre los techos, la caída de la nieve sobre lo que se creía perdido.
Abrir un libro y leer, en la primera página, que todos los pájaros se han ido.
MIÉRCOLES, 24 DE JUNIO DE 2015, Hoy se celebra un Año Nuevo Mapuche. Mi abuela elevaría una plegaria al Sol, fuente de sabiduría y renovación, y diría: "auki we tripantu, wiñoi tripantu".
Su ausencia es un sol al descampado, un cielo acostumbrado a ser cierto.
Río que te vuelves mar, devuélveme el canto.
Diez grados bajo cero de sensación térmica. Gallegos es un pueblo que enfría al sur del sur del sur del sur.
Ayer escuché el último de Jauría y descubrí que las canciones son hojas que sueñan ser árbol.
Tener una tristeza es como ponerse guantes en un día de sol.
Me gusta habitar el desierto: vienen perros de todas partes. Somos una comunidad y nadie lo sabe.
Mirar al cielo y pedir que mi padre regrese fue el primer poema que escribí.
Una ciudad es algo que habitamos en los sueños.
Anoche soñé que todo el amor del mundo cabía en una canción de Los Súper Ratones.
Cansado de las preguntas del padre que nunca tuvo, prefiere quedarse en su casa, jugando a que lo encuentren.
Soñamos con vivir juntos. Recorrer la Patagonia, sentir el viento en la cara, conocer el desierto. Entonces, te llamaría Pri y, en la cartera, llevarías un par de guantes.
Una mujer sola entra en el mar y el mar le miente, le hace cosquillas
Nadie sabe del dolor que hay entre dos manos y, sin embargo, aún se espera que valga la pena.

¿Quién dejará de huir con un nudo en la garganta?

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"Autenticidades II "

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Andar por el mismo camino, con los ojos fijos puestos en el viento y, entonces, recordar que su mano en la mía era la misma mano. Y era el amor.
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Es la palabra kikirikí iluminando el desierto, la paciencia de los alambrados en las callecitas de mi pueblo. La sombra de su canto me sostiene.
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De cómo ciertas tristezas se acumulan en los cactus.
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Las palabras recién escritas han dado con otro borrador. Una tarde invisible entra en la memoria.
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El signo vital suele parecerse a las ramas de un álamo, en cuyas hojas anida un canto: el primer borrador.
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¿Cómo explicar la sensación de llegar a la orilla y no saber nadar?
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¿Quién habla en mí: el exiliado del ruido o el que soñaba con arlequines?
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El poeta se rodea de esos pequeños fuegos parecidos al silencio ancestral, invitando al lector a recorrer con su imaginación, el milagro de la naturaleza, de la vida. Luz infinita. Esencia concentrada. Instante primitivo. Suspiro que deja el viento. Voces para perderse en lo profundo, sin adentro ni afuera. Como un cosmos
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El trabajo con los chicos me hace olvidar todo lo malo, lo triste. Ayer, por ejemplo, una nena me preguntó si mi celular tenía Whatsapp y con una sonrisa cómplice, los demás se miraron y largaron la carcajada, porque saben que mi celular es antiguo, de esos que no dicen ni mu. Al final, nos reímos todos. Esos momentos son mágicos; una posibilidad de abrir los ojos al mundo, los días a la vida. 
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Miro sus fotos, enciendo su celular, leo sus últimos mensajes, pienso en la desesperación de aquellos días. Lloro. Pero en algún momento, no sé cómo ni cuándo, salgo a la calle y me aferro a los pequeños gestos, a las canciones que habíamos soñado juntos.
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En esa época, la del comedor escolar, estaba muy aferrado a dios: nos hacían rezar antes de cada comida, agradecerle esa posibilidad. Siempre recuerdo el hermoso gesto de una de las cocineras; nos esperaba en la puerta y nos despedía con una caricia en la cabeza. O cuando nos quedábamos a juntar los platos, junto a mi hermano, para que nos dieran doble ración de postre. A esa edad uno no es muy consciente de esas cosas. Con el paso del tiempo, recién comencé a valorar todo lo que había vivido allí. Y sí, claro, dios existe. Juro que lo vi entre los cantos de niños huérfanos.

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Un poeta anda entre nosotros 

En los tiempos de la globalización del sin sentido, en que los medios masivos de comunicación incomunican, en que el hombre ha dejado de ser una posibilidad de infinito para convertirse en consumidor -de arte, de autos, de partes, de dioses, de tetas, de imagen-: un poeta anda entre nosotros. Compra, estudia magisterio, vende su libro Sábanas de viento, quiere vender libros usados, sale con chicas que lo aprecian, hace pis y dos o tres pequeñas acciones solidarias por día, toma té de boldo sin azúcar, fuma Marlboros, da talleres de escritura a los niños, a los necesitados de una voz, conduce su auto entre las salvajes ráfagas del aire, sueña y anda entre nosotros. Escribe poesía. Usa las palabras como cuchillos para cortar el día, para diseccionar la noche, para hilvanar un canto, una voz, una plegaria. Parece un hombre común. Y no lo es bajo ningún punto de vista. Es un ojo que lo mira todo. Las rajaduras de tu alma, tus hilachas, el pelo de la rubia que se adhiere a tu hombro, las miradas de soslayo, la sed de tu boca, tus sueños iluminándote el rostro, los pelos de tu oreja, tu candidez y tus crueldades cotidianas. Él lo mira todo y a veces no lo quiere ver. Quiere ser civil. A veces sueña que hay días en que no escribe y siente alivio. Él ama a su madre. A sus sobrinos. La cara se le llena de luz cuando habla de ellos. Se siente perseguido por la muerte -¿y quién no?-. Porque su padre fue raptado por el mar, y cuando fue devuelto, ya no tenía vida. Su padre era pescador de peces y de días. Porque su hermano se murió a los treinta persiguiendo estrellas. Porque una chica que él quería mucho se murió en el parto dando a luz un hijo de la mañana y ahora duerme a unos pasos de su hermano. Porque está triste y tiene una voz, una plegaria, un canto. Y anda entre nosotros repartiendo sus colores, las margaritas salvajes de su alma, que es hija del viento y de la tarde, sus canciones, sus pequeños actos que andamian sus sueños más hermosos. Nos quiere. ¡Oh, Dios, cómo nos quiere! Quiere a la gente porque sueña la luz. Es él y anda entre nosotros. Y se llama Jorge Curinao. Y es poeta.


Carlos Besoaín
29/01/08

"Autenticidades"

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Señoras buenas nos daban de comer, nos decían: "Dios habita en los cielos, en las manos de un niño. Su tiempo es el tiempo por venir".

Hemos venido hasta aquí, donde nadie llega, sólo para escuchar el silencio de las piedras, los bordes de una herida.

Hace siglos que no salgo de mi pueblo, menos ahora que existe La Chasconita (y los cielos, y los mares, y los perros). Enero se ha vuelto el momento de cuidar el jardín, de recibir visitas, de reconciliarme con el mundo. 

Recordar es conservar. Para eso existen las palabras: cada una de ellas se une a otra hasta armar una casa. Los poemas, como se sabe, harán su propio camino.

El signo vital suele parecerse a las ropas del difunto, en cuyos bolsillos hay un solo hilo: el primer borrador.

No hay nada más poético que escuchar a los niños articular sus primeras palabras. Son sonidos puramente mágicos; sonidos que estremecen por su belleza y sencillez. Evidentemente, los niños están a favor de la idea de comunidad y en contra de todo individualismo. Por eso van por el mundo enseñando sus mejores juguetes, una especie de ofrenda a quienes aún no pierden sus sueños.

El canto es parte del cambio: rescatar de la cotidianeidad, la literatura. Escucharse a sí mismo en mundo aturdido por ruidos extraños. Escribir todo desde otro paisaje.

No recuerdo un verano tan frío como el de estos días. Ayer no me aguanté y volví a usar el térmico. Es que el frío y el viento, en medio del desierto, son más intensos. Son como los silencios en la hoja: nos conocemos desde hace tanto y sin embargo.

Casi no he conocido a mi padre, pero siempre lo he extrañado. Su ausencia es un niño sin alas: dibuja un pájaro. 

Creo en la función revolucionaria de la poesía.

Acá, en el desierto, sabemos diferenciar un coirón de un yuyo. Aprendimos que el dolor habita en los primeros fríos y que el viento es herida que viene del mar. Soñamos con niños y con flores. Ladramos para no perder la costumbre nomás. 

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Poemando IV

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El sigilo de las ventanas, el murmullo
de dos árboles que nadie conoce, eso
que anda diciendo el viento, ahí, afuera,
en el entresueño del molino. 


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Cuando ya no hay dolor en la memoria
el cuerpo se vuelve mano
la memoria es una mano para cuando.

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Como una antorcha encendida
entre el gentío del bosque
aparece la sonrisa de mi padre
en el vaho de un antiguo camino.


                       *****

El abismo en aquellos días
solía ser papel picado,
ladridos en mitad del campo.


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Poemando III

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Lejos de las palabras, lejos de lo escrito. Aunque digan que sí, es no. Siempre se trata de una ausencia, algo que ampara ante una puerta cerrada.

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Anterior a la palabra, hubo una noche. Hay besos que lloran en los puertos olvidados del sur.

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Llueve y la ausencia empieza a crecer. Baja desde los techos un niño mudo, abrazado al miedo, al mundo. Desde mi ventana, veo pasar mi alma encendida.


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El único viaje posible es el camino: el respiro nuestro de cada día. Ponerse a caminar es el desafío. Dar treinta y tres pasos y más. Darle sentido a los sueños, al canto.
A veces hay un mapa para el recorrido, para el nacimiento. Está allí, huérfano de padre, tirando piedras en el desierto. En éstos lejanos paisajes donde la muerte viene y desordena todo. El mapa es la memoria.
Pero es también el tiempo del Yaoyin, de sus frutos rojos puestos al sol. Yaoyin. Un nombre para quienes han sabido llegar a la orilla y aún buscan seguir en el camino. Caminar es el oficio.


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"Poetas Argentinos" por BcnRadio! Jorge Curinao 21-10-2014


El Poeta y el Viento

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  Viento que, oculto entre los álamos, vuelve como manos al poema.



Jorge Curinao nació el 3 de mayo de 1979 en Río Gallegos, Santa Cruz. En el año 2006, su libro Sábanas de viento fue elegido para ser 
publicado en la selección Mi Primer Libro, organizada por la Municipalidad de Río Gallegos.
En 2007, representó a la provincia de Santa Cruz en la XXXIII edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
Posteriormente publicó Plegarias del humo (2009), Cactus (2010), Nadando (2012) y Otros animales (2014).
En 2010, algunos de sus poemas fueron incluidos en Peces del desierto, plaqueta literaria que reúne a artistas y poetas de la Patagonia argentina.
Actualmente se desempeña en el Departamento de Capacitación Interna del municipio local, coordinando talleres de redacción.


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Versos en historieta